Una denominación paralela de las drogas es la de que te “sumerge” en paraísos artificiales”. Y eso es exactamente el ajedrez. Una droga. Una droga que me ha proporcionado algunos de los momentos más felices de mi vida por destruir a un ciudadano enfrente de mí. Por destruir su inteligencia, que es lo peor que le puede pasar a un jugador de ajedrez. El ajedrez, a diferencia del póker, del tenis, del parchís o del futbol, cuando ganas, ganas tú solo. Y cuando pierdes, pierdes tú solo.

Así, de esta forma un tanto “inmisericorde” comenzaba su ponencia Agustín Casado, dando referencias al desaliño y al estado mental de los grandes maestros de esta disciplina, centrados únicamente en las mil y una combinaciones ante el tablero de negras y blancas. Ese es el centro de sus vidas.

Casado sabe de ajedrez, tiene un vocabulario muy rico, una agilidad mental muy rápida y lo más importante: aunque tú no sepas de ajedrez, te “engancha” porque sabe comunicar.

El aspecto esotérico de su charla lo abrió Hermes Trismegisto, el iniciador de los misterios. Se relaciona con Hod, la séfira número 8 del árbol Cabalístico, con los “trigramas” del I Ching y con la carta de “La Rueda de la Fortuna del tarot, donde las 64 casillas del tablero de ajedrez, están relacionados según los apuntes de Casado, que se extendió bastante en los diferentes detalles y coincidencias. Lo sentimos por aquellas personas que no quisieron o no pudieron estar presentes en esta conferencia de Foro 7. Ver a Agustín Casado en directo merece la pena.

El coloquio final puso fin a una tarde-noche muy agradable, con un público muy atento y a la vez muy interesado en este aspecto desconocido del ajedrez. Nuestra más sincera enhorabuena, Sr. Casado.