Vista de la Peña de los Enamorados bajo la niebla
A veces no hace falta ir tan lejos para darse cuenta del patrimonio arqueológico y cultural que encierra esta bendita tierra de Andalucía.
La excursión programada por el CLUB FORO 7 al “Corazón de Antequera”, no solamente ha sorprendido a los viajeros que integraban esta visita, sino que además, el trato que hemos recibido por parte del personal del Centro de Interpretación de la zona de los Dólmenes, dependiente de la Junta de Andalucía, ha sido extraordinario. En dicho Centro nos proyectaron un vídeo para que conociéramos mejor la forma de construcción que habían empleado la gente del Neolítico.
A continuación, Enrique, guía principal, nos acompañó al Conjunto Megalítico formado por el Dólmen de Viera y el de Menga. Ya en el interior del primero y con una explicación muy detallada sobre su construcción y posterior uso, de este sepulcro de casi 25 metros de largo, pues de eso se trata, de un sepulcro, dispone al final del mismo de una cámara de corte cuadrangular por la que se accede a una pequeña estancia donde se depositaba el cadáver del fallecido. Francamente, impresiona ver in situ todos los detalles de la piedra.
Pero más impresiona todavía el de Menga con cerca de 28 metros de largo. Al final de la cámara, existe un pozo de metro y medio de ancho por 20 metros de profundidad. Cuando acaricias la piedra, la energía dentro del Dólmen que emana la piedra se siente. Rafael Caballero, el arquitecto, decía: “fíjate en las juntas entre piedra y piedra; con la tecnología de la que disponemos actualmente, no somos capaces de alcanzar esta perfección. ¿Cómo lo hacía esta gente?…”

No damos más detalles, porque consideramos que es un complejo que debe ser visitado por todo el mundo y que Enrique os ilustre sobre todo el conjunto megalítico. De verdad que merece la pena. Por cierto, dicho complejo ha tenido en el pasado año la visita de 97.000 personas. Están a la espera de que la UNESCO declare todo ese espacio “Patrimonio Mundial”.
Una especie de chirimiri o lluvia muy fina nos acompañó durante la visita a la Alcazaba. Ignacio Mora, el guía-anfitrión del monumento, nos fue conduciendo por las distintas estancias del mismo, dándonos detalle tanto de su historia como de su leyenda en el devenir histórico de la ciudad de Antequera. Posteriormente, pasamos a visitar la Real Colegiata de Santa María la Mayor, donde, a través de la proyección de un audiovisual en pantalla muy grande y ambientado en la época, el personal quedó gratamente satisfecho. Remató la visita la representación con traje de época de Laura Morente en su papel de sirvienta de D. Cristóbal de Villalta, jefe de obras de la Colegiata. Enhorabuena tanto a Laura Morente como a Ignacio Mora.
Subir al Centro de Visitantes del Torcal Alto fue toda una odisea. Una espesa niebla envolvía el paisaje y prácticamente fue imposible ver este espacio natural, conocido por las formas caprichosas que el paso del tiempo ha ido modelando en sus rocas calizas. Pasamos pues al restaurante y allí repusimos fuerzas con un excelente menú.
La última visita fue al Museo de la ciudad, antiguo palacio de Nájera. A la entrada, nos atendió una amable señorita, que nos dijo que debíamos pagar 25 euros (que era el precio estipulado para grupos) y que como ella no tenía cambio para que pagásemos de uno en uno que “nos buscásemos la vida”. Se hizo una recolecta, se le pagó en monedas de un euro hasta completar los 25 y, una vez efectuado el pago, nos dijo: “No se permiten fotos ni cámaras de video. Os estoy vigilando”. Me volví hacia ella y le dije: “entendido, Srta. Rottenmeier”. Puso cara de póker y nos fuimos. Sin duda tenía un mal día.
Las veinte salas del museo cuentan desde la prehistoria y protohistoria, hasta las pinturas barrocas de Juan Correa, los óleos y pasteles de José María Fernández y la pintura contemporánea de Cristóbal Toral.
José Manuel Frías, nuestro guía habitual, nos puso en antecedentes por medio del micrófono del autobús, sobre los distintos sitios que íbamos a visitar. Se encargó de gestionar las visitas y nos acompañó durante toda la jornada.
El personal se quedó con ganas de repetir y en un futuro próximo seguramente que volveremos  a Antequera, aunque sólo sea  para ver si el sol sale por allí.

El siguiente reportaje fotográfico recuerda una jornada inolvidable.